Paul Krugman, sobre la reforma sanitaria de Obama
El día anterior al voto, el Presidente Obama en su lucha porque los americanos tengan derecho a la sanidad pública ha sido tachado hasta de comunista. El tema es espinoso, ¿cómo un país que se considera primer mundista, puede dejar a más de treinta millones de personas (dicen 47) sin cobertura médica?. ¡Y ni hablar de los precios! La prima media de un seguro sanitario familiar de cuatro personas es de 10.800 $, cantidad que supera los ingresos anuales de un obrero con salario mínimo a tiempo completo, establecido en 10.712 $. Además, la carencia de seguro causa 18.000 muertes de más al año. La gente sin seguro sanitario tiene un índice de mortalidad un 25% más alto. No me extraña que Michael Moore en su documental “Sicko” se llevara en barco a ciudadanos americanos a Cuba, para poder ser atendidos en su excelente sistema de salud y de manera gratuita.
Obama suplicó: “De vez en cuando, llega un momento en el que tenés la oportunidad de reivindicar todas esas buenas esperanzas que tenías sobre vos mismo, sobre este país, donde tenés la posibilidad de hacer justicia. No estamos destinados a ganar, pero estamos destinados a ser sinceros. No estamos destinados al éxito, pero estamos obligados a dejar brillar las pocas o muchas luces que tenemos”.
Realmente emotivo este llamamiento a la ética de los políticos, este reclamo de votar pensando en el bien colectivo de los ciudadnos de Américo, aún cuando dañe sus carreras. Ya que el argumento principal de la oposición, por ejemplo la gente del Tea Party, era algo tan inmoral como comparar la reforma sanitaria con la Ley de Derechos Civiles, ambas según su vara, un fracaso. ¿Cómo todavía hoy pueden afirmar sin pizca de pudor que Lyndon Johnson hizo lo incorrecto cuando empujo la igualdad racial?.
El otro argumento opositor, no por menos aberrante más certero, es sobre las implicancias fiscales, pero la reforma hace más para bajar los costos que cualquier legislación previa. La ausencia de decencia en toda esta campaña contra Obama, ha sido aterradora. No fue tan sólo el verso del “panel de la muerte” (en medio de esta campa sucia se llegó a decir la barbardidad, de que el estado iba a decidir quien vivía y quien moría). Cómo dijo Paul Krugman en su columna del New York Times esta campaña estuvo manchada de odio racial, como aquel artículo en Investor’s Business Daily en el que se declaraba que la reforma de salud es discriminación positiva.
También se mintió y tiró “barro a la cancha” afirmando que la reforma era para financiar el aborto. Y es que claro, para estos tiranos que los jóvenes trabajadores americanos tengan asegurada su salud, es una injusticia. Politicos como Sarah Palin –quien fue candidata a vicepresidente por los Republicanos- fue la primera pupila del miente miente que algo quedará. Hasta políticos consdierados razonables y moderados como el Senador Chuck Grassley evitaron condenar estas mentiras lanzadas como granadas sobre Obama.
Ya entre las cuerdas, los miembros republicanos del congreso advirtieron que “la libertad moría” acusando a los demócratas de fascistas, por atreverse a someter a voto, esto de si los americanos tienen derecho a que les atienda un médico o seguimos dejándolos que si no tienen dinero se aguanten y si queden sin un brazo, se desangren o se mueran. Por suerte todo esto ha tenido un final feliz, a lo slogan maketiniano de Obama: Hope, We can! y los demócratas lo han logrado, incluso con la ayuda de los antiabortistas. Cuidado que a la lideresa Esperanza Aguirre como la dejen, hace lo mismo, y privatiza nuestros hospitales, o en eso al menos, andaba. Afortunados y privilegiados podemos sentirnos de tener sanidad pública, viendo como está el mundo.
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